"...otros maestros dijeron que incluso era inútil sentarse a meditar, pues la meditación consiste en vivir lo cotidiano como una reflexión continua. El maestro zen Torei escribió: Al andar, practica mientras andas. Al descansar, practica mientras descansas. Al hablar practica mientras hablas. Mantén tu conciencia despierta y tu atención centrada en el Eterno sin tiempo ni espacio: Cuando ames, ¡Ama!, cuando reces, ¡Reza!, pero cuando friegues los platos no te concentres en dios, sino en los platos, me decía también mi niñera aclarando las ollas mientras yo me entretenía admirando los pájaros por la ventana."
Cristobal Jodorowsky en El collar del tigre.
Otra perla
La simpleza nos convierte en principes
Buenos días- dijo el principito.
Buenos días- dijo el mercader.
Era un mercader de píldoras perfeccionadas que aplacan la sed. Se toma una por semana y no se siente más la necesidad de beber.
-¿Por qué vendes eso?- dijo el principito.
-Es una gran economía de tiempo- dijo el mercader. Los expertos han hecho cálculos. Se ahorran cincuenta y tres minutos por semana.
-Y, ¿Qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
-Se hace lo que se quiere…
“Yo”, se dijo el principito, “si tuviera cincuenta y tres minutos para gastar, caminaría suavemente hacia una fuente.
La buena salud
En alguna parada, un enjambre de muchachos invadió el ómnibus. Venían cargados de libros y cuadernos y chirimbolos varios; y no paraban de hablar ni de reír. Hablaban todos a la vez, a los gritos, empujándose, zarandeándose, y se reían de todo y de nada. Un señor increpó a Andrés Bralich, que era uno de los más estrepitosos: -¿Que te pasa, nene? ¿Tenés la enfermedad de la risa? A simple vista se podía comprobar que todos los pasajeros habían sido, ya, sometidos a tratamiento, y estaban completamente curados.
Eduardo Galeano, Las bocas del tiempo.